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Hasta el gigante de la homeopatía ‘pasa’ de ella: Boiron se centra en los complementos alimenticios ante el descalabro del sector

viernes, 19 de junio de 2026
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La última vez que la cuenta española de Instagram de Boiron ―el mayor fabricante de homeopatía en el mundo― mencionó la homeopatía en un post fue el 30 de octubre de 2024. Desde entonces, el discurso se centra en complementos alimenticios, higiene íntima y gotas para los ojos. El declive de esta pse...

La última vez que la cuenta española de Instagram de Boiron ―el mayor fabricante de homeopatía en el mundo― mencionó la homeopatía en un post fue el 30 de octubre de 2024. Desde entonces, el discurso se centra en complementos alimenticios, higiene íntima y gotas para los ojos. El declive de esta pseudociencia en las farmacias viene de antes. Según datos de la consultora Iqvia facilitados a EL PAÍS, estos productos se dejaron en las farmacias un 37,6% de sus ventas desde 2022: han pasado de 3,6 a 2,2 millones de unidades en cuatro años.

Boiron ha continuado con ingresos millonarios. En 2018, la multinacional francesa facturó en todo el mundo 604,2 millones de euros, una cifra que en 2025 bajó a 501,1 millones, lo que supone una caída del 17%, según sus propias cuentas.

Esas cifras son reflejo de un repliegue en prácticamente en todo el mundo de esta práctica. En los últimos años, países que financiaban los pseudotratamientos, como Reino Unido y Francia, han ido dejando de hacerlo y Alemania lo tiene planeado para este mismo año.

El Ministerio de Sanidad español publicó un informe el pasado abril que plasma negro sobre blanco lo que la evidencia científica más rigurosa llevaba haciendo décadas. Concluye que la homeopatía “no supera al placebo”, que no existe “evidencia científica” de que sea un tratamiento eficaz y que usarla desplazando otras terapias puede “poner en riesgo” la salud de los pacientes.

La práctica, que fue inventada hace más de 200 años, va en contra de casi todo lo que se sabe de bioquímica. Postula que lo similar cura lo similar y que, cuanto más diluido está un principio activo, más potentemente actúa sobre el organismo . Traducido a lo práctico: si cortar una cebolla provoca lagrimeo, escozor y secreción nasal, un preparado homeopático de cebolla —Allium cepa— extremadamente diluido se emplearía para tratar un catarro o una alergia con esos mismos síntomas. Según esta lógica, las sucesivas diluciones y agitaciones imprimirían en el agua una supuesta “memoria” de la sustancia, incluso cuando ya no queda en el preparado ni una sola molécula detectable de cebolla.

Pese a que nunca curó nada, la lenta agonía de esta disciplina comenzó en 2005, cuando un editorial de la revista The Lancet en 2005 titulado El fin de la homeopatía, proponía dejar de malgastar tiempo y dinero en tratar de demostrar la efectividad de una terapia que no había conseguido hacerlo en dos siglos de historia.

Un movimiento escéptico abanderó en numerosos países, incluido España, la lucha contra esta pseudociencia, que fue decayendo poco a poco y perdiendo una popularidad por la que llevó a haber 10.000 médicos colegiados que la practicaban, según datos, eso sí, de la propia Sociedad Española de Medicina Homeopática (SEMH).

Y, aunque agoniza, todavía no está del todo muerta. Según los datos de Iqvia, en el último año las ventas en las farmacias españolas supusieron 32,6 millones de euros, 11 millones menos que cuatro años antes (un 25% menos).

Quizás ante este escenario, Boiron ha dejado de promocionar en sus redes estos productos en España y se está centrando en los complementos alimenticios, que siguen una trayectoria completamente distinta y están viviendo un boom. La compañía ha declinado participar en este reportaje para valorar la tendencia.

Algunos llevan ya unos años, otros son de más reciente incorporación. En su cuenta de Instagram el rey es un suplemento de magnesio y vitaminas que supuestamente ayuda contra el cansancio. También hay gotas para los ojos, un gel vaginal (que lleva más de 30 años vendiendo, eso sí) y un suplemento de zinc y biotina contra la caída del cabello.

En los últimos tiempos, la multinacional francesa está apostando por los productos para la microbiota, otro nicho en ascenso. En 2021 entró en el mercado de los probióticos impulsado, como reconocía en una nota, por la alto conocimiento y satisfacción de los españoles en este tipo de productos.

Más recientemente, en 2025, lanzó una gama de complementos con fibra, que pretenden suplir las bajas ingestas de este importante componente en la dieta. El pasado mayo, la empresa estuvo promocionando la línea en España en un encuentro con periodistas.

A diferencia de los productos homeopáticos, que por lo general carecen de principio activo alguno (están tan diluidos que desaparecen) y a los que la legislación impide promocionarse como curativos, los complementos alimenticios sí contienen sustancias que, bajo la normativa europea, pueden incluir claims saludables.

En opinión de Vicente Baos, médico que ha formado parte durante años de la red de expertos de la AEMPS y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), la evolución de Borion es lógica: “Su principal nicho [la homeopatía] ha caído en el olvido y el descrédito y tiene que encontrar otros para generar beneficios rápidamente”.

“Desarrollar medicamento real es enormemente caro, lento y difícil”, continúa Baos, que ve cómo laboratorios de todo tipo se dedican este tipo de productos que se venden “bajo una legislación laxa” y cuya fabricación es “barata y poco exigente”.

El médico, muy crítico con la industria de los complementos, se refiere a la legislación europea, que permite que un producto que contenga una determinada sustancia que haya demostrado que contribuye al normal funcionamiento de alguna función biológica, se promocione con ese reclamo.

Lo hacen multitud de empresas. Un ejemplo: el zinc es un mineral esencial que contribuye directamente al mantenimiento del cabello en condiciones normales. Cualquier compuesto al que se le añada zinc, puede presumir de ser bueno para el cabello, independientemente de la cantidad, y de que haya decenas de fuentes de zinc, probablemente más ricas, más baratas y más saludables.

Lo mismo sucede (para el normal funcionamiento de otros procesos) con el calcio, el magnesio, el hierro o multitud de vitaminas. Algunos complementos sí han demostrado ciertos beneficios en la salud, pero por lo general son muy modestos, en el mejor de los casos.

Baos es tajante: “Me da igual bacterias que minerales. No han demostrado que tengan impacto real en ninguna enfermedad. En el campo de la microbiota hay un margen de desarrollo interesante, pero queda enmascarado en propiedades ambiguas y generales en ausencia de nivel de evidencia alto. El resto es marketing. Tenemos una combinación perfecta para que mucha gente crea que tomar complementos le viene muy bien a la salud, dejando de lado lo importante: una buena dieta y ejercicio. Es la mercantilización de prevención de la salud sin evidencia”.

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