
En plena escalada de sabotajes rusos en Europa, la reunión del director de la CIA, John Ratcliffe, con los jefes de las agencias de espionaje del Kremlin la pasada semana ha desatado todo tipo de especulaciones, apuntando incluso a una hipotética invasión rusa. Washington, atrapada en su propio conf...
En plena escalada de sabotajes rusos en Europa, la reunión del director de la CIA, John Ratcliffe, con los jefes de las agencias de espionaje del Kremlin la pasada semana ha desatado todo tipo de especulaciones, apuntando incluso a una hipotética invasión rusa. Washington, atrapada en su propio conflicto con Irán, aliada de Moscú, a pocos meses de sus elecciones, no ha aclarado la intención de la visita y ha fomentado que vuelen las teorías con una serie de filtraciones interesadas. Los expertos en inteligencia se preguntan por qué Donald Trump se preocuparía de repente por echar una mano a Europa.
Desde la llegada de Ratcliffe a Moscú el 25 de agosto han surgido varias teorías sostenidas por fuentes anónimas. The Wall Street Journal aseguraba que el jefe de la CIA advirtió al Kremlin de que no ataque a la OTAN porque Washington sabe que planea un “asalto limitado” contra su flanco oriental a corto plazo. The New York Times dice que Ratcliffe transmitió a sus pares del espionaje ruso un mensaje para Vladímir Putin para convencerle de que le va mal a Rusia en la guerra. Axios señalaba que el jefe de la CIA propuso un encuentro entre los presidentes ruso, estadounidense y ucranio, y Bloomberg publicó que los representantes europeos no fueron informados del contenido de las conversaciones. La visita se producía un par de semanas después de que Moscú liberase de la cárcel al exmarine estadounidense Robert Gilman, y en Rusia aún quedan más norteamericanos presos. Donald Trump minimizó el acontecimiento a un viaje “rutinario”.
Esta era la primera visita de un jefe de la CIA a Moscú desde noviembre de 2021, cuando William Burns acudió a la capital rusa para advertir al Kremlin de que no lanzase su invasión sobre Ucrania. En aquel momento Washington tenía pruebas de que miles de soldados rusos estaban siendo desplegados para este asalto a pesar de los desmentidos rusos, como finalmente sucedió en febrero de 2022.
En esta ocasión, sin embargo, no hay constancia de ningún despliegue para invadir el este de la Unión Europea. Los preparativos de una eventual movilización dentro de Rusia se encaminan a sacar más tropas para la invasión en curso de Ucrania, y después de más de cuatro agotadores años de guerra, la apertura de otro frente y un reclutamiento forzoso podrían tener consecuencias imprevisibles dentro de la sociedad rusa.
Sin embargo, Europa es hoy el campo de batalla de una amplia guerra en la sombra. Cuando un atentado, un asesinato o una oleada de inmigrantes teledirigida hace cortocircuitar a un Gobierno, el país hostil que provocó la crisis explota esa parálisis para arrancar concesiones. Los servicios de inteligencia rusos, por ejemplo, intentan desestabilizar al bloque para que abandone a Ucrania, pero también actúan dentro los servicios espionaje iraní, chino y marroquí, entre otros países.
Solo en las últimas semanas las autoridades alemanas han hallado tres drones cargados con explosivos en las inmediaciones del aeropuerto de Leipzig, un hub también para el cargamento militar con destino a Ucrania, y se han identificado varios intentos de asesinato dentro del bloque, llegándose a consumar la ejecución en Polonia de Semión Skrepetski, artista ruso crítico con Putin. Estas operaciones son parte de una escalada que incluye el corte de cables submarinos, el espionaje de instalaciones militares con drones civiles y el tanteo de la unidad europea con el envío desde la frontera bielorrusa de cientos de inmigrantes traídos de Oriente Próximo.
España tampoco se libra de esta guerra aunque esté en la otra punta de Europa. Dentro de los servicios de seguridad españoles sospechan que el desertor ucranio Maxim Kuzminov fue asesinado en Alicante en 2024 por el espionaje ruso, pero no han podido demostrarlo hasta hoy, y algunas empresas han sido objetivo de ciberataques para sacar su información interna o provocarles pérdidas.
Solo el jefe de la CIA, John Ratcliffe, y los responsables del Servicio Federal de Seguridad [FSB] y el Servicio de Inteligencia Exterior [SVR] rusos, Aleksandr Bórtnikov y Serguéi Naryshkin, respectivamente, saben qué se habló en el encuentro del 25 de agosto. Y la CIA tampoco es una fuente de información totalmente fiable, siendo presuntamente aliada espió a líderes europeos como Angela Merkel durante años. Según fuentes europeas y rusas consultadas por este periódico no habría habido ningún tipo de ultimátum, aunque todo lo que rodea al encuentro son afirmaciones de teléfono escacharrado.
“No creo que haya sido una visita de rutina, como también dijo el jefe del SVR. Debió transmitir en persona algo muy serio a los jefes de los servicios de inteligencia rusos”, afirma Grigorij Serscikov, experto en inteligencia y violencia política radicado en Ámsterdam. “Pero sin formar parte del círculo muy reducido de personas con acceso a información fidedigna, es muy difícil especular”, advierte.
“Creo que la conversación pudo girar en torno a la postura de Estados Unidos ante cualquier provocación, más que hablar de un ataque abierto de Rusia contra un país de la OTAN. Esto implicaría comunicar la posición de la actual Administración estadounidense en caso de que entrara en vigor el Artículo 5 de la Alianza, por el que un ataque contra cualquier país de la OTAN constituye una agresión contra todo el bloque”, añade Serscikov.
El periodista Andréi Soldátov, conocedor de las interioridades de los servicios secretos rusos, descarta la teoría del ultimátum. “Este tipo de noticias no resiste un análisis riguroso. Es absurdo pensar que vino a advertir de que Rusia atacará a un país de la OTAN dentro de unos años. ¿Qué quiere decir en unos años? Esta situación no puede compararse con la de 2021″, afirma el experto, fundador del portal Agentura.
“En cuanto a la versión de los sabotajes, suena un poco más plausible, pero también soy bastante escéptico, porque estamos hablando de la Administración Trump, para la que sus intereses y los de Estados Unidos siempre son lo primero. ¿Por qué el director de la CIA amonestaría repentinamente a Rusia sobre acciones que amenazan a sus socios europeos, quienes precisamente no entusiasman a Trump? Si ese fuese el caso lo habría explotado públicamente. Habría exigido algo a cambio a los europeos públicamente y se habría proclamado su salvador", reflexiona el experto en el espionaje ruso.
De hecho, la administración Trump publicó el año pasado un gran plan estratégico que dejaba en manos de Europa su seguridad y contemplaba, incluso, injerir en su política interna. “La administración estadounidense actual ha dado por perdida a Europa y ya no ve necesario informarles”, recuerda Serscikov.
“Este tipo de contactos —agrega Soldátov— se producen cuando las agencias de inteligencia estadounidenses tienen información relevante para su seguridad nacional. Cuando existe una amenaza para los ciudadanos o las instalaciones estadounidenses, como las bases militares, o para liberar rehenes”.
En su opinión, la versión más pausible giraría en torno al conflicto de Estados Unidos con Irán en vísperas de las elecciones legislativas norteamericanas de noviembre. “Obtuvieron información de que los iraníes planeaban algún tipo de ataque y la CIA creyó que los rusos podrían impedirlo, o pedirían que dejase de suministrar inteligencia al régimen iraní”.
“Si tuvo que ver con Irán, la administración Trump no iba a admitirlo públicamente. Por eso han aflorado otras teorías”, subraya Soldátov.
La guerra de los servicios secretos
Los expertos rusos consideran absurda la versión de que Ratcliffe viajase a Moscú para contarle a Putin “la verdad” sobre la guerra que no le cuenta su círculo íntimo. Según los medios estadounidenses, el jefe de la CIA habría transmitido esa “verdad” a los responsables del SVR y el FSB, que junto con el servicio de inteligencia del ejército [GRU] son precisamente quienes informan cada mañana a Putin. “No tiene ningún sentido”, se ríe Soldátov.
Además, desde el punto de vista del Kremlin la guerra no va mal. Sus fuerzas han llevado la zona gris del frente a una decena de kilómetros de Sloviansk, donde sus paramilitares prendieron la guerra de Donbás en 2014, y el Ministerio de Defensa ha amenazado con congelar a la población ucrania este invierno lanzando miles de misiles y drones contra su infraestructura energética, ya dañada seriamente el pasado año. Por ello Kiev ruega a Occidente más defensas antiaéreas urgentemente.
Todos los empresarios rusos coinciden en que la economía está fatal, y el gasto militar y el pago de deuda se comen más de la mitad del presupuesto, por lo que habrá recortes sociales. Además, el medio independiente Mediazona ha confirmado los nombres de 242.747 militares rusos muertos, y estima una cifra real mucho mayor sin contar los heridos. Pero todo esto no importa a Putin, quien toma como referencia para su cruzada los 27 millones de muertos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial.
El apoyo occidental a Ucrania ha evitado que Putin consiga su ambición de dominar a Ucrania. Por ello, fuentes rusas creen que el Kremlin se habría planteado una escalada de algún tipo con Europa para intimidarla.
Una opción que ha barajado abiertamente Moscú es la captura de un buque europeo en respuesta a la interceptación de alguno de sus petroleros bajo sanciones. Estados Unidos y Reino Unido ya han detenido un par de navíos. “Es posible, la presión pública está aumentando y Rusia podría recurrir a una operación de este tipo como estrategia de relaciones públicas”, afirma Serscikov.
El experto cree “totalmente posible un cierto aumento de los sabotajes por parte de Rusia”, pero sostiene que una campaña masiva “es extremadamente improbable por la sencilla razón de que los servicios de inteligencia rusos carecen de la capacidad para un reclutamiento cuantioso”.
Serscikov, colaborador de la publicación rusa sobre servicios de inteligencia Nevídimoye Izmeréniye [Dimensión desconocida], enfatiza que el espionaje ha cambiado en las últimas décadas y estos actos “ya no los protagonizan saboteadores profesionales, sino personas comunes, a menudo con antecedentes penales, reclutadas [por los servicios secretos] a cambio de dinero” a través de Telegram y otras redes sociales.
Esta guerra encubierta también se libra a otro nivel dentro de Rusia y Ucrania, donde los sabotajes y asesinatos están a la orden del día y son tan complejos como la explosión de un camión de transporte en pleno puente de Crimea o la aparición repentina de drones sobre varias bases aéreas rusas que habían sido escondidos dentro de vehículos de carga sin que ninguno de sus conductores lo supieran.
Serscikov recuerda en uno de sus artículos que la inteligencia occidental impuso unas líneas rojas a los servicios secretos ucranios desde la guerra de Donbás de 2014 que han sido levantadas gradualmente desde la invasión total del 24 de febrero de 2022. Gracias a la información y tecnología occidental, sus operaciones han dado un enorme salto desde el espionaje tradicional a operaciones selectivas ejecutadas con ciudadanos manipulados a distancia según sus perfiles psicológicos.
“El verdadero frente se libra en Internet, los medios y la consciencia colectiva. La victoria no depende solo de los ataques con drones o asesinato de generales, sino de quién controle mejor la percepción de la realidad y eleve el coste de un ataque a un nivel insostenible para el enemigo”, reflexiona Serscikov.




