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Mercedes Milá: “Ni en 200 años podrían pagarle a Letizia Ortiz lo que ha hecho por la Monarquía”

lunes, 31 de agosto de 2026
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Mercedes Milá: “Ni en 200 años podrían pagarle a Letizia Ortiz lo que ha hecho por la Monarquía”
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Es la presentadora más longeva en el medio más promiscuo. Mercedes Milá (Esplugues de Llobregat, Barcelona, 75 años) ha dedicado más de medio siglo a la televisión, donde hizo tantas entrevistas que ya no reconoce a algunos de los personajes que algún día se sentaron en su plató: “Aznar ahora me par...

Es la presentadora más longeva en el medio más promiscuo. Mercedes Milá (Esplugues de Llobregat, Barcelona, 75 años) ha dedicado más de medio siglo a la televisión, donde hizo tantas entrevistas que ya no reconoce a algunos de los personajes que algún día se sentaron en su plató: “Aznar ahora me parece otra persona. Pero en su primera legislatura lo defendí muchísimo porque creía que lo estaba haciendo bien”. El periodismo no era el plan inicial. Fue su tía María Asunción quien descubrió por ella la vocación y la animó a estudiar la carrera al detectar su capacidad de comunicación en las cartas que le escribía. “La cámara es mi amiga desde el día que me dijeron: ‘Cuando estés en apuros, agárrate a ese pilotito rojo’. Y es lo que he hecho”. Escoge para la entrevista con EL PAÍS un hermoso paisaje, las Salinas de la Concepción, en Menorca, que recientemente fotografió Steve McCurry, autor del célebre retrato de la niña afgana. Muy cerca de allí es donde descansa la guerrera. Con Me meto en un jardín (La 2) ha vuelto a hacer lo que más le gusta: preguntar.

Pregunta. “Al entrar en televisión empezó mi vida”, dijo en una ocasión. ¿Cómo era Mercedes Milá antes? No me diga que tímida.

Respuesta. Pues sí. Cuando mis padres me decían que fuera a saludar a unos amigos al salón, me ponía roja como un extintor. Y de esa timidez acabó saliendo esta bestia.

P. ¿Y cuándo fue la conversión?

R. La verdad es que no lo recuerdo. Sí sé que cuando era tímida lo pasaba mal. También era miedosa.

P. Su padre fue miembro del Consejo Privado de don Juan, el abuelo del Rey. ¿Cuál fue el mejor consejo que le dio a usted?

R. No era mucho de dar consejos. Tenías que fijarte en lo que decía y de ahí sacar lo que te iba a servir. El mejor consejo que recibí de él fue cuando, en el funeral, con su ataúd al lado, el párroco dijo: “Cuando llegó aquí, lo primero que dijo José Luis Milá fue: ‘¿En qué puedo ayudar?“. Y es lo que hizo a lo largo de su vida: ayudar.

P. Ha hecho unas 3.000 entrevistas para ayudar al público a conocer mejor a todo tipo de personajes. ¿Cree que la audiencia ha llegado a conocerla a usted?

R. Creo que sí porque no me he ocultado jamás. No he intentado ser o decir cosas en televisión diferentes a las que haría en la vida normal. Y esa naturalidad me ha ayudado mucho.

P. Ha comentado que en una ocasión prescindieron de usted por considerarla “conflictiva”. ¿Cree que lo es?

R. Soy peleona, tocapelotas, si creo que hay que hablar algo, no me callo, pero no soy conflictiva con mis compañeros o jefes.

P. ¿Qué habría pasado si hubiese habido en Barcelona facultad de Ciencias Políticas, que era lo que quería estudiar en un principio? ¿Hasta dónde cree que la hubiera llevado su interés por la política?

R. Nunca se sabe. Si la carrera hubiera sido tan aburrida como la de Filosofía y Letras, que dejé, no hubiera llegado a ninguna parte. Si no, hubiera podido colaborar con algún partido o presentarme a unas elecciones y haber llegado a estar en el Parlamento. ¡Qué lejos estoy ahora de todo eso!

P. ¿Cuál cree que hubiera sido la idea más potente de su programa electoral, su gran promesa?

R. Me acercaría mucho a las circunscripciones inglesas, donde la gente tiene derecho a que su representante les escuche y hacer seguimiento. Me gustaría acoplar esa manera de hacer a la política española.

P. El dato de share de un éxito televisivo hoy es el porcentaje que seguramente hubiera hecho cancelar un programa hace 20 años. Aparecieron nuevos canales, plataformas de pago... ¿Volverán aquellos datos del 40% de audiencia o se han extinguido como las mayorías absolutas en el Congreso?

R. Jamás de los jamases volverán. Cuando empecé, solo había dos cadenas y el éxito lo medía por la reacción de la gente por la calle. La audiencia nunca es despreciable, como muchos compañeros se empeñan en repetir. Me meto en un jardín es el programa que más felicidad me ha dado. Pero cuando me dijeron los datos de audiencia pensé que me tomaban el pelo. Estaban contentísimos con un 4,6% y yo les dije que con eso nos iban a echar a la mañana siguiente. Pero era el programa más visto de la cadena. Tuve que rehacer mi cabeza y valorar las audiencias de una manera muy distinta. Además, ahora puede verse en diferido.

Algunos concursantes iban después a buscar trabajo y no lo conseguían por haber estado en ‘Gran Hermano’. Con eso me llevaban los demoniosMercedes Milá

P. ¿Cuál es el truco para permanecer tantos años en televisión?

R. He terminado todos los programas que he empezado menos uno de Antena 3 que fuimos mi marido [el productor José Sámano, fallecido en 2019] y yo los que pedimos que lo quitaran porque no estaba teniendo la audiencia que les estaban exigiendo a otros compañeros. El récord lo tengo con Gran Hermano: 15 ediciones. Eso fue una barbaridad y lo pagué con sangre, pero lo amaba tanto que no miraba si no dormía lo suficiente. Al final me costó disgustos importantes.

P. ¿Y por qué cree que la siguen llamando para proponerle formatos como Me meto en un jardín?

R. Yo trabajo muy cerca de María Ruiz [productora] en Zanskar y con David Moncasi [director] y siempre los estoy espoleando para volver. No es que me llamen, sino que estoy ahí, dándoles el coñazo, y al final sale una idea y en este caso, la acepta TVE.

P. Defendió a capa y espada el formato de Gran hermano como un experimento sociológico y, a menudo, cuando lo criticaban, destacaba la generosidad de los concursantes. ¿Cree que eran conscientes, sobre todo los primeros, de todo lo que estaban entregando al participar en el concurso?

R. Entraron 12 concursantes sin saber dónde entraban, aunque los guionistas y los buscadores de personajes les habían explicado el formato. Los espectadores pueden creer que está todo preparado, pero no es cierto. Entrar en la casa de Gran Hermano es entrar en un lugar donde estás controlado las 24 horas por cámaras que a veces ves y otras no y por micrófonos que no sabes dónde están. Van a sacar de ti todo lo que puedan, nada les pertenece, por eso entrar ahí es generoso y valiente. Algunos sufren mucho más que otros, y algunos triunfan mucho más que otros. Hay un gen Gran Hermano que ahora está más deteriorado, pero cuando yo lo viví era muy potente.

P. Perdían el anonimato probablemente para siempre.

R. Los más destacados quizás sí, pero los menos destacados, que son muchos, no. Pero lo más triste no es perder el anonimato. Es que después iban a buscar trabajo y no lo conseguían por haber estado en Gran Hermano. Con eso me llevaban los demonios. Yo quería luchar para que eso no pasara, pero era luchar contra un ejército demasiado potente. Así que ser concursante de Gran Hermano no está pagado. Y mucha gente les critica sin saber lo que esos chicos están entregando.

P. Y que los concursantes no sean plenamente conscientes, sobre todo al principio, de lo que están entregando, ¿no es aprovecharse un poco de ellos?

R. La palabra no es aprovecharse. El que ellos no sean conscientes los hace más naturales y entonces sufren menos.

P. ¿Hoy ve el programa? ¿Le sigue interesando?

R. No. Cuando salí de Gran Hermano lo vi un par de veces, pero me pareció muy diferente de lo que hacíamos nosotros y dejé de verlo.

R. Ponían pruebas muy distintas, la casa cada vez era más grande y lujosa... Si has estado en el mejor sitio del mundo de la televisión, y yo creo que aquel era el mejor programa, es muy difícil no pensar: “Esto yo lo hubiera hecho diferente”. Había noches que [los concursantes] tenían hambre porque no habían pasado las pruebas y yo llamaba a los responsables de guardia y les decía que les dieran de comer, que aquello no era una cárcel, sino un concurso. Les decía: “¡Están como Carpanta!" y me respondían que quién era Carpanta (ríe).

Mercedes Milá en Las Salinas de la Concepción (Menorca) el pasado julio.Francisco Ubilla
Mercedes Milá en Las Salinas de la Concepción (Menorca) el pasado julio.Francisco Ubilla

P. ¿En qué momento de su carrera cree que fue más influyente y por qué?

R. El más influyente fue cuando hacía entrevistas a gente más reconocida. La influencia en los programas de entretenimiento, como Gran Hermano, es mucho menor.

Yo fui muy amiga de Miguel Bosé. Y digo fui. Le quise una barbaridad. Pero en este momento, si tuviera que llevarlo a un programa, tendría dificultades porque no querría ni engañarle ni enfrentarme a élMercedes Milá

P. Dígame una entrevista que se haya quedado con ganas de hacer y el motivo.

R. Durante un tiempo quise entrevistar a Isabel Preysler y lo intenté, pero desistí porque era muy simpática, pero siempre decía que no, y dejó de interesarme. Hoy me gustaría entrevistar al rey emérito sin que nadie pudiera controlarnos. La monarquía genera monstruos. Si lees cualquier libro de historia de cualquier país encuentras eso: el poder los destruye de tal forma que hace de ellos lo que jamás pensaste que pudieran llegar a ser.

P. ¿Ha hablado alguna con Juan Carlos I?

R. Sí, pero muy poco. Le he llevado recados de mi padre.

P. Y esos recados eran directamente de su padre o del padre del rey Juan Carlos, don Juan, a través del suyo?

R. No, eso nunca. Mi padre estuvo en el Consejo Privado de don Juan y cuando don Juan vio que no había nada que hacer porque el hijo ya había admitido todo lo que Franco le había pedido, mi padre se fue apartando porque comprendió que aquello estaba siendo invadido por franquistas.

P. Es curiosa la opinión que tiene de la Monarquía viniendo de una familia tan monárquica.

R. Sí, absurdamente monárquica. Porque si analizas en frío qué supone una monarquía no pasa el examen. Por eso admiro tanto a Letizia, una periodista como yo que se enamoró y de buena fe pensó que podría convivir con todo eso. Se lo han hecho pasar horriblemente mal y ha sobrevivido porque es muy inteligente y porque ese matrimonio debe quererse mucho, porque a una persona normal le pasa como a Diana de Gales, que acaba fatal. Mis tíos eran todos muy monárquicos porque no había un análisis muy racional de lo que significaba la monarquía como sí lo hay ahora en mi casa.

P. ¿Cree que la reina Letizia ha ayudado a mejorar la imagen de la Monarquía?

R. Sí. Ni en 200 años podrían pagarle a Letizia Ortiz lo que ha hecho por la monarquía española.

El único que me hizo llorar con lo que escribía sobre mí fue Ansón. Éramos muy amigos, pero cuando en el programa Buenas Noches invité a Cebrián antes que a él empezó a escribir cosas terribles Mercedes Milá

P. ¿Y cuál es la entrevista que hubiera preferido no hacer o que no volvería a hacer?

R. Una vez, Xabier Arzalluz no me contestaba a nada de lo que le preguntaba. Me harté y a mitad de entrevista, en directo, le dije: “¿Va a contestar a alguna de las preguntas que le estoy haciendo? Porque si no, se va". Y se fue. Luego fue muy violento porque después del programa siempre íbamos a cenar con los invitados y él vino. Yo estaba que me quería morir de vergüenza por lo que había hecho, pero él como si no no hubiera pasado nada.

P. “Mercedes Milá es medio fea, medio guapa, medio lista, medio catalana, tiene el encanto de la protagonista de Marty. Sin otra condición social, brillante, que su humilde condición de mujer —y de mujer adorablemente despistada—, convocó a unos cuantos hombres para hablar sobre el aborto, ante la telecosa,”, escribió Francisco Umbral en una columna en EL PAÍS en 1983. ¿Cuánto de este paternalismo percibió y hasta cuánto duró?

R. No me afectaba porque tenía una coraza. El único que me hizo llorar con lo que escribía sobre mí fue Luis María Ansón. Éramos amigos. Él era muy monárquico y había estado muy cerca de mi padre. Me había ayudado mucho. Una vez tenía ya con Iñaki Gabilondo el nombre de un programa que íbamos a hacer, Queremos Saber, el presupuesto, todo..., pero lo pararon porque en la SER decían que yo era conflictiva. Ansón habló con ellos y me readmitieron. Pasó a ser casi como un padre en Madrid. Pero cuando en el programa Buenas Noches invité a Juan Luis Cebrián [primer director de EL PAÍS] antes que a él, empezó a escribir cosas terribles. Eso lo llevé muy mal. Ahí me inmunicé para el llanto, pero lloré mucho. Dejé de hablarle. Es la única vez en mi vida que he tenido una relación tan fea con alguien de mi entorno. Que desvelara el contenido de nuestras conversaciones en el periódico que dirigía me pareció una traición.

Mercedes Milá, en los años ochenta
Mercedes Milá, en los años ochenta

P. Y aunque no le afectase por esa coraza, ¿percibía mucho paternalismo al principio: hombres en el plató pensado menos de usted por ser mujer, por ser joven o por ser una mujer joven?

R. A mí me ha ayudado mucho tener mala leche. Que luego a lo mejor no es tanta, pero la gente cree que sí.

P. Ha citado el programa Queremos saber. ¿Qué le gustaría saber ahora? ¿A qué pregunta le gustaría que le contestaran?

R. Querría saber por qué mienten tanto. Lo de Ábalos [José Luis, exministro socialista condenado a 24 años de cárcel] o Cerdán [Santos, ex secretario de Organización del PSOE investigado por varios delitos] han sido golpes que, sinceramente, he llevado muy mal. Y ves que se siguen riendo. La sensación es de una falta de ética muy difícil de alcanzar.

P. Cuando Miguel Bosé acudió a uno de sus programas en Antena 3 se había extendido el rumor de que se estaba muriendo de sida. Usted le ayudó a desmentir el bulo y se hicieron muy amigos. Hoy es él el que difunde bulos. ¿Cincuenta y dos años de profesión después, sigue siendo eso lo más frustrante: la mentira?

R. En televisión, la mentira se ve. Hay un gesto en los ojos, una forma de huir... Es fácil mentir si haces un monólogo, si no tienes delante alguien que te pare los pies, que es la obligación de un periodista ante la mentira, pero si el periodista está es muy complicado mentir. Yo fui muy amiga de Miguel. Y digo fui. Le quise una barbaridad. Estuvo en todos los programas que hice, pero en este momento, si tuviera que llevarlo a un programa, tendría dificultades porque no querría ni engañarle ni enfrentarme a él.

P. Se hizo viral su defensa de Zapatero en La revuelta. ¿De verdad cree que lo de Broncano, al no querer mojarse en si es inocente o no, es “cobardía”?

R. Es muy diferente ser presentador e invitado. Él estaba en una posición mucho más difícil que la mía, que podía decir lo que me daba la gana. Le dije que era un cobarde, pero era una broma, un chascarrillo. Lo que sí veo es que gente que creía que Zapatero no tenía culpa de nada está empezando a flojear y eso me preocupa mucho porque yo sigo pensando que es inocente.

P. ¿Se fijó en ese truco de los ojos, de la mirada, para comprobar si Zapatero mentía en la entrevista en TVE?

R. No la vi. La tengo pendiente porque además Javier [Ruiz] me encanta.

P. ¿Cuál cree que fue el último gran momentazo televisivo?

P. ¿Y un momentazo televisivo que le gustaría ver?

R. El Rey y la Reina hablando sin caretas de política, sociedad, deporte, alimentación... de todo lo que nos importa.

Mercedes Milá en Las Salinas de la Concepción, en Menorca, con dos de las trabajadoras de la salinera, Araceli Cabrisas Serrano y María Solà González.Francisco Ubilla
Mercedes Milá en Las Salinas de la Concepción, en Menorca, con dos de las trabajadoras de la salinera, Araceli Cabrisas Serrano y María Solà González.Francisco Ubilla
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