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Un Mundial en el país del ole y la ola

viernes, 19 de junio de 2026
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Un Mundial en el país del ole y la ola
El PaísUn Mundial en el país del ole y la ola

A los pocos segundos de haber comenzado el Mundial 2026, con el México 2-Sudáfrica 0 jugado en el Azteca hace una semana, el público local comenzó a gritar ole ole ole —con el acento en la o, a diferencia del olé tradicional— ante una sucesión de pases de los jugadores de su selección. Desde lo futb...

A los pocos segundos de haber comenzado el Mundial 2026, con el México 2-Sudáfrica 0 jugado en el Azteca hace una semana, el público local comenzó a gritar ole ole ole —con el acento en la o, a diferencia del olé tradicional— ante una sucesión de pases de los jugadores de su selección. Desde lo futbolístico, pareció una exageración, porque eran toques intrascendentes, en mitad de campo, cuando el partido estaba empatado sin goles. Desde lo simbólico, en cambio, fue como si los mexicanos marcaran el terreno: este es el país en el que nació el ole en el fútbol. Aunque la importó desde Estados Unidos, México además hizo popular la ola en el Mundial de 1986, un clásico de las tribunas que también giró en el Azteca contra Sudáfrica y que seguramente volverá a circular este jueves en Guadalajara, donde México jugará ante Corea del Sur.

El ole ole es un canto inspirado por las gambetas indescifrables de Mané Garrincha en México, aunque no en una Copa del Mundo, sino en un amistoso que su equipo, Botafogo, empató 1 a 1 contra River Plate en Ciudad de México el 20 de febrero de 1958, unos meses antes de que el propio Garrincha y Pelé se dieran a conocer en el Mundial de Suecia, la primera de las dos estrellas que ganarían —la otra sería en Chile 1962—. Con clima de mariachis en las tribunas, el ole fue el regodeo del público mexicano al ver cómo el delantero brasileño despatarraba a un defensor argentino, Federico Vairo.

Delantero zambo, con la pierna derecha seis centímetros más corta que la izquierda y la columna vertebral torcida, Garrincha hacía ante Vairo la jugada de toda su vida. El estadio sabía lo que ocurriría, también su defensor, pero igual Garrincha se salía con la suya: amagaba y pasaba con la pelota. Con México como uno de los países de América con mayor cultura taurina, fue entonces que, como si Garrincha fuera el torero y Vairo el toro, en las tribunas empezó a escucharse el ole ole.

Joao Saldanha, periodista brasileño y luego entrenador de la selección de su país —clasificaría a Brasil al Mundial 70—, escribió del tema en su libro Subterráneos del Fútbol: “River era el mejor equipo de Sudamérica. Pocas veces vi un amistoso jugado con tanto respeto mutuo. Pero lo inolvidable fue Garrincha. Solo los mexicanos, expertos en toros, podrían haber estado tan sincronizados. Siempre que Mané se detuvo frente a Vairo, los espectadores estaban en el silencio más profundo. Y cuando daba su famoso regate y Vairo pasaba de largo, cien mil personas gritaban ‘oleee”.

Saldanha agregó: “Minella, el técnico de River, cambió a Vairo, que se fue riéndose: ‘Es imposible sacarle la pelota’. Y le dijo a su compañero que entraba: ‘Buena suerte, pero te aconsejo que le escribas una carta a tu mamá’. Al final, los hinchas dieron una vuelta olímpica con Mané entre sus hombros. Acababa de nacer el ole, y desde entonces es más fácil derribar a un gobierno que acabar con el ole en el fútbol”. Con los años, el ole —u olé—, se universalizó y adoptó un doble significado, no solo para una acción individual, sino también para jugadas colectivas con varios pases seguidos entre compañeros.

También el fútbol le debe otro festejo de las tribunas, la ola, a México, que la patentó en el Mundial 1986 —al punto que en muchos países se la denomina “la ola mexicana”—, aunque su prehistoria es menos conocida: surgió en un partido de béisbol en Estados Unidos. El inventor fue George Henderson, alias Krazy George, el Loco Jorge, hoy de 82 años y activo en Instagram, un estadounidense que hizo una larga carrera como animador de espectadores, profesión que en su país se llama cheerleader. Cuando la ola se desató por primera vez, el 15 de octubre de 1981 en un partido de playoffs ante los New York Yankees, el Loco Jorge trabajaba para un equipo de béisbol, los Oakland Athletics, de California. Su idea fue novedosa: un aliento a 360 grados.

Al año siguiente, en 1982, el propio Henderson llevaría su invento al fútbol: fue contratado por una liga regional de soccer en Canadá y en 1984 empezó a mostrarle su creación al mundo en los partidos de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. A los pocos meses, el 18 de septiembre de 1984, los mexicanos la importaron, la bautizaron como la ola y la estrenaron en un amistoso contra Argentina, en Monterrey. La revista argentina El Gráfico hizo referencia a esa “extraña forma de aliento del público mexicano” y destacó que los jugadores de su país no perdieron la concentración mientras el público se levantaba de sus asientos y generaba un movimiento que daba varias vueltas al estadio Universitario. Ya en 1986, en el Mundial, el país del ole universalizaría la ola.

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