
Las manos del palestino Saddam Yaser están anudadas a un pequeño bolso negro que lleva cruzado al pecho. Lo aferra fuerte, mientras recorre el paseo que circunda la playa del Trampolín, donde mata el tiempo desde hace ya trece noches, cuando nadó hasta Ceuta. Si estos días pudieran definirse con ver...
Las manos del palestino Saddam Yaser están anudadas a un pequeño bolso negro que lleva cruzado al pecho.
Lo aferra fuerte, mientras recorre el paseo que circunda la playa del Trampolín, donde mata el tiempo desde hace ya trece noches, cuando nadó hasta Ceuta.
Si estos días pudieran definirse con verbos, los suyos serían esperar y proteger.
Esperar a que las autoridades tramiten su solicitud de asilo y proteger los documentos que acreditan que ya ha comenzado el proceso.
Le aterra perderlos, que ...



