Colombia todavía cuenta sus muertos. El país amanece este martes bajo el estado de emergencia nacional, después de que un terremoto de magnitud 7,4 sacudió la víspera durante cuatro eternos minutos el oeste del país, y se sintió hasta Panamá y Ecuador. Los coletazos del temblor –el de mayor magnitud...
Colombia todavía cuenta sus muertos. El país amanece este martes bajo el estado de emergencia nacional, después de que un terremoto de magnitud 7,4 sacudió la víspera durante cuatro eternos minutos el oeste del país, y se sintió hasta Panamá y Ecuador. Los coletazos del temblor –el de mayor magnitud desde 1979– han dejado hasta el momento más de un centenar de muertos y más de 500 heridos, con decenas de edificios completamente colapsados. Al menos 132 personas han fallecido, de acuerdo con el más reciente balance de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales). Las cifras todavía se consideran preliminares.
Una gran parte de las muertes se concentra en la ciudad de Pereira, en el eje cafetero. También ha quedado muy golpeada Cali, la capital del Valle del Cauca y la tercera ciudad más poblada del país, donde se declaró un toque de queda y se han militarizado varios puntos, especialmente las zonas donde aún se desarrollan acciones de rescate entre los escombros. Quibdó, la capital del Chocó, donde se ubicó el epicentro en San José del Palmar, así como Manizales y Armenia, vecinas de Pereira en la región cafetera, son otras de las urbes más afectadas, con edificios colapsados, aeropuertos cerrados y servicios intermitentes.
En Cali, que se preparaba para celebrar el popular festival de música del Pacífico Petronio Álvarez este fin de semana, los rescatistas todavía escarban entre los escombros en busca de sobrevivientes. Mientras que en la región cafetera el temblor ha revivido el trauma de otro terremoto, el que devastó Armenia en enero de 1999 y dejó a su paso casi 1.200 muertos.

El desastre se ha desencadenado cuando el presidente, Abelardo de la Espriella, cumplía apenas tres días en el cargo, después de que se posesionó el viernes en un auditorio de Cali y pronunció su primer discurso desde una instalación militar, en el que prometió gobernar desde las regiones y para las regiones. “Le encomiendo nuestro país al señor Jesucristo”, dijo después del mediodía, cuando transmitió el primer reporte del Gobierno y declaró la emergencia nacional desde Bogotá, a donde voló por primera vez como mandatario desde la caribeña Barranquilla, la ciudad que propone convertir en capital alterna de un país con una geografía muy compleja.
En su primer lunes en el poder, cuando apenas ajusta su talante como gobernante, el presidente aseguró que “los compatriotas afectados” saldrán adelante “con la ayuda de Dios”, del Gobierno y de la cooperación internacional, e hizo un llamado a la unidad nacional: “Hoy todos los colombianos, sin distinciones ideológicas, tenemos que unirnos frente a una sola causa: las víctimas de este desastre natural”. Aseguró que asumía “directamente el liderazgo” de la atención de la emergencia. Un enorme primer desafío, en un momento prematuro para un Ejecutivo que apenas da sus primeros pasos.
En la tarde, realizó una fugaz visita al Chocó junto a parte de su gabinete, y de allí partió al Valle del Cauca. El presidente instaló un Puesto de Mando Unificado (PMU) nacional en Bogotá, y otros en Quibdó, Cali y Armenia. También decidió desplegar equipos liderados por varios de los ministros recién nombrados en algunos de los lugares más afectados.

Tanto el vicepresidente, José Manuel Restrepo, como el ministro del Interior, Rodrigo Lara, se encuentran en el eje cafetero, mientras que el de Defensa, el general retirado Jorge Eduardo Mora, y la de Salud, Ana María Vesga, están en Cali. Más allá del gabinete, y de su círculo más cercano, De la Espriella todavía no ha reemplazado las cabezas de algunas entidades clave para la atención de desastres, aunque ha anunciado que este martes designará al ingeniero geólogo David Suárez Tamayo en la cabeza de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo. Esa coyuntura se agravó por la ruptura del tradicional empalme con el anterior gobierno, en cabeza del izquierdista Gustavo Petro.
La solidaridad internacional se ha dejado sentir, a menos de dos meses de los terremotos de junio que devastaron a la vecina Venezuela con un saldo de más de 6.000 muertos. Estados Unidos anunció una ayuda de 15,5 millones de dólares, destinada a refugio de emergencia, alimentos, protección y evaluaciones de los daños causados por el sismo. También el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) dará una donación de 500.000 dólares a Colombia para atender la emergencia. Hace apenas unas semanas, CAF había anunciado un paquete financiero de 9.000 millones de dólares para impulsar el desarrollo del país en el periodo 2026-2030, que coincide con el cuatrienio de De la Espriella.
Otros socios cercanos ideológicamente al nuevo Gobierno colombiano expresaron su apoyo y disposición a ayudar, como el argentino Javier Milei, el chileno José Antonio Kast o el ecuatoriano Daniel Noboa. Los tres asistieron el viernes pasado a la posesión de De la Espriella en Cali. También ofrecieron ayuda desde la otra orilla ideológica mandatarios como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la mexicana Claudia Sheinbaum o el español Pedro Sánchez. La Organización de Naciones Unidas (ONU), con una larga historia de presencia en el país, se manifestó preparada para ayudar en lo que haga falta.



