
En el colegio público de Urda, habilitado para atender a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario, los nombres se leen en voz alta y cada uno se convierte en una espera insoportable. Los familiares pasan del polideportivo a una sala del centro. Una voluntaria de Protección Civil comi...
En el colegio público de Urda, habilitado para atender a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario, los nombres se leen en voz alta y cada uno se convierte en una espera insoportable.
Los familiares pasan del polideportivo a una sala del centro.
Una voluntaria de Protección Civil comienza a leer: “Miguel, Marina, Ignacio, Emilio”.
Todos escuchan pendientes de cada sílaba, con el corazón en un puño y la respiración contenida.
“Es solo una lista para hablar individualmente con los f...


