Canarias en el Alma
El País5 min de lectura

Cómo la extrema derecha agita las calles contra la inmigración tras crímenes como el de Belfast o Southampton

jueves, 11 de junio de 2026
Volver a todas las noticias
Cómo la extrema derecha agita las calles contra la inmigración tras crímenes como el de Belfast o Southampton
El PaísCómo la extrema derecha agita las calles contra la inmigración tras crímenes com...

Resultó extremo incluso para un personaje como Nigel Farage. Horas después de que se hicieran públicas, y corrieran como la pólvora en las redes sociales, las imágenes de los agentes de policía que esposaban a Henry Nowak, la fatídica noche del 3 de diciembre en Southampton, el líder de Reform UK re...

Resultó extremo incluso para un personaje como Nigel Farage. Horas después de que se hicieran públicas, y corrieran como la pólvora en las redes sociales, las imágenes de los agentes de policía que esposaban a Henry Nowak, la fatídica noche del 3 de diciembre en Southampton, el líder de Reform UK reclamaba de la ciudadanía una respuesta de “pura y fría rabia”. El joven Nowak había sido apuñalado mortalmente por un hombre de religión sij y ascendencia asiática, que le acusó después falsamente de un ataque racista. “No puedo respirar”, gritó hasta nueve veces la víctima, ante la incredulidad de los agentes, que cargaron contra él. Su grito de agonía era una réplica del que pronunció George Floyd en las calles de Minneapolis, que originó el movimiento Black Lives Matter.

Farage, líder de Reform UK, es un político astuto y oportunista, que ha querido siempre desvincularse de cualquier actividad de la extrema derecha más violenta. Con el caso de Nowak, sin embargo, decidió prender la mecha, temeroso de quedar fuera de juego en una batalla sin cuartel por apropiarse de la rabia de muchos británicos.

El exmiembro de Reform UK, Rupert Lowe, fue expulsado del partido con cajas destempladas. Desde su escaño como diputado independiente fundó Restore Britain, un partido que ha ido ganando tracción y amenaza con fragmentar el voto de la derecha populista, con propuestas mucho más extremas. En los tres meses previos al 13 de abril, según datos de la propia red social X, Farage logró 1,9 millones de likes en sus mensajes. Lowe, que se ha convertido en el político favorito del magnate tecnológico y dueño de X, Elon Musk, obtuvo 12,9 millones en ese mismo periodo.

En las horas posteriores a conocerse el vídeo de la muerte de Nowak, Farage denunciaba el doble rasero de la policía y lanzaba su particular White Lives Matter (Las Vidas de los Blancos Importan). Logró 59.000 me gusta. Poco después, Lowe doblaba la apuesta: “Un Gobierno de Restore Britain, con el apoyo del pueblo británico, ejecutará a Vickrum Digwa [el hombre sij que asesinó a cuchilladas al joven, condenado a prisión permanente revisable con un mínimo de cumplimiento de 21 años]”, escribía el político. Obtuvo 137.000 me gusta.

Los ‘detonantes’ de las protestas

Se ha convertido en un modelo que se repite con éxito cada vez que un crimen o un incidente trágico revuelve el estómago de la población y pone en alerta a los políticos. Como ocurrió con las niñas asesinadas en Southport el 29 de julio de 2024 por un menor nacido en territorio británico pero de ascendencia ruandesa; con el asesinato de Nowak a manos de un sij de ascendencia asiática que portaba dos dagas ceremoniales; o ahora, con el intento de asesinato en el norte de Belfast, en forma de decapitación, de Stephen Ogilvie, a manos de Hadi Alodid, un sudanés que residía en territorio británico, a donde llegó vía París-Dublín-Belfast, al disfrutar de un visado temporal.

El crimen es el detonante perfecto para que estalle la ira en las redes sociales, y grupos nacionales y transnacionales extremistas organicen y coordinen protestas en la calle, que derivan inevitablemente en enfrentamientos violentos con la policía. En el caso de Nowak, el propio Elon Musk utilizó su cuenta en X, con 240 millones de seguidores, para alentar a la movilización.

“Enviad este vídeo a todos vuestros conocidos. Muestra el modo tan cruel en que Nowak fue tratado por la policía en el momento de morir, y cómo la policía cobardemente se arrastra ante su asesino”, escribía Musk en X, junto al vídeo del incidente grabado por las cámaras policiales, en el que se escucha repetidas veces a Nowak quejarse de que no puede respirar. “Los principales medios de comunicación, los mismos que escribieron millones de veces sobre George Floyd, ahora guardan un silencio mortal respecto a Nowak”, ha añadido Musk.

Tras el intento de asesinato en Belfast, Musk replicaba en su cuenta la localización de todos los puntos donde se habían convocado protestas. Tommy Robinson, el líder de ultraderecha que ha logrado movilizar con más éxito a los británicos, azuzaba desde Moscú a sus seguidores para replicar en las calles del Reino Unido lo que ya estaba ocurriendo en Belfast.

“Todo lo sucedido [en la noche del martes], tanto en Belfast Este como en Belfast Oeste, fue organizado y respondió a una violencia racista. Todo ocurrió después de que las protestas fueran ampliamente promovidas por comunidades de extrema derecha online, y amplificado por figuras como Nigel Farage, Elon Musk o Tommy Robinson, que jaleó a las masas desde Moscú, donde estaba de visita”, ha denunciado Nick Lowles, director ejecutivo de la organización que estudia y combate los extremismos Hope Not Hate. “Siempre es el mismo patrón: aprovechan las emociones de los residentes locales para agitar el odio y envilecer a todos los inmigrantes”, afirma.

El comisario jefe del Servicio de Policía de Irlanda del Norte, Jon Boutcher, pidió a los ciudadanos norirlandeses que “no escucharan a quienes nada saben de Irlanda del Norte y utilizan las redes sociales tóxicas para sacar a la gente a la calle”. “No permitamos que aquellos a los que nuestra gente no les importa nada inciten al odio y al miedo. No permitamos que esos individuos sin rostro orquesten sus campañas en las calles”, reclamaba a su lado la ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill.

A las pocas horas, la convocatoria de los “individuos sin rostro” lograba sacar a las calles de Belfast a decenas de hombres enmascarados que incendiaban autobuses, coches y contenedores. Y que sembraban el terror entre la población inmigrante al prender fuego a sus viviendas y obligarles a huir con lo puesto.

Seguir leyendo este artículo en El País