El puerto y la terminal de ferris de Helsingborg burbujean de actividad. Todo funciona con una eficiencia casi coreografiada. Los ferris maniobran lentamente; los camiones frigoríficos aguardan su turno para embarcar junto a coches, ciclistas y trabajadores que cruzan el estrecho de Oresund como qui...
El puerto y la terminal de ferris de Helsingborg burbujean de actividad.
Todo funciona con una eficiencia casi coreografiada.
Los ferris maniobran lentamente; los camiones frigoríficos aguardan su turno para embarcar junto a coches, ciclistas y trabajadores que cruzan el estrecho de Oresund como quien toma un tren de cercanías.
Al fin y al cabo, solo cuatro kilómetros separan la sueca Helsingborg de la danesa Helsingor.
Desde el paseo marítimo, bajo la luz oblicua del norte de Europa, que alarga...


