
El viernes, cuando todavía no habían pasado 48 horas del doble terremoto, el peso del desastre comienza a ser normalidad en La Guaira. Los hospitales militares de campaña están instalados. Las filas para comprar comida se multiplican. El tránsito se hace pesado entre camiones y maquinarias que circu...
El viernes, cuando todavía no habían pasado 48 horas del doble terremoto, el peso del desastre comienza a ser normalidad en La Guaira.
Los hospitales militares de campaña están instalados.
Las filas para comprar comida se multiplican.
El tránsito se hace pesado entre camiones y maquinarias que circulan hacia las zonas derrumbadas para empezar a recoger las ruinas; se ve a motorizados que llevan ayuda y funcionarios policiales y militares movilizados a la zona del desastre.
Pero este despliegue y...



