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La guerra entre Von der Leyen y Kallas socava la fragilizada diplomacia de la Unión Europea

martes, 16 de junio de 2026
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La guerra entre Von der Leyen y Kallas socava la fragilizada diplomacia de la Unión Europea
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Algunos diplomáticos ironizan con que las instituciones de la Unión Europea se parecen cada vez más a Juego de Tronos. En Bruselas se libra una batalla cada vez más dura y abierta por el control de la diplomacia. No hay derramamiento de sangre ni bodas rojas, pero, como en la serie basada en las nov...

Algunos diplomáticos ironizan con que las instituciones de la Unión Europea se parecen cada vez más a Juego de Tronos. En Bruselas se libra una batalla cada vez más dura y abierta por el control de la diplomacia. No hay derramamiento de sangre ni bodas rojas, pero, como en la serie basada en las novelas de fantasía oscura de George R. R. Martin, todo se trata del control de los resortes del poder, de la lucha por la influencia y del relato político. En esa guerra, la rivalidad entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la alta representante para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, se ha vuelto más dura. Detrás de esa disputa burocrática, en la que se acumulan roces por el personal, por los anuncios de posiciones políticas o por la agenda, está una guerra institucional más profunda por quién controla la política exterior europea en el momento más turbulento y volátil para Europa desde la II Guerra Mundial.

“Estas rencillas y movimientos bajo el tapete están haciendo un flaco favor a la diplomacia de la UE. No dan buena imagen”, lamenta una alta fuente comunitaria, veterana de Bruselas. En los últimos días, la crisis entre la jefa del Ejecutivo comunitario, la conservadora alemana Von der Leyen, y la responsable de la diplomacia europea, la liberal estonia Kallas, ha saltado de los pasillos de la burbuja comunitaria a los titulares más generalistas.

La semana pasada, un artículo del Financial Times sobre los supuestos planes de Alemania y Francia para desmontar la arquitectura de poder de la política exterior europea se interpretó en la capital comunitaria como un ataque directo a Kallas. O más bien como una señal de que Von der Leyen —que desde que comenzó su segundo mandato, en 2024, ha reformado la Comisión y ha acumulado una influencia sin precedentes— buscaba lanzar una OPA hostil para dominar también el Servicio de Acción Exterior (SEAE).

Se trata de leer entre líneas. Sobre todo porque los tratados europeos son claros: la alta representante dirige la política exterior y de seguridad, puede formular propuestas en esos temas, ejecutar las decisiones de los Estados miembros (quienes conservan el control) y debe coordinar la acción exterior de la UE. También, porque Francia, en realidad, proponía múltiples opciones para reforzar la eficacia de la diplomacia europea: desde dar más poder al SEAE a reformarlo, según el documento galo, que ha podido consultar EL PAÍS.

Los tratados dibujan una Europa de poderes repartidos, pero las crisis de la última década, desde la pandemia hasta la guerra de Rusia contra Ucrania, el divorcio con EEUU o la rivalidad con China, han empujado a Von der Leyen a primerísima línea también en política exterior. Además, ha reformado el Ejecutivo comunitario y ha nombrado comisarios cuyas funciones se adentran en cuestiones de política exterior como la defensa —cuyo titular, Andrius Kubilius, considera que sus atribuciones van “más allá” de su capacidad oficial de encargarse de la parte industrial de su cartera, critican fuentes diplomáticas— o la cooperación internacional, entre otros.

La conservadora alemana ha diseñado su maquinaria como una vertical. Y, según los críticos, ha ido construyendo estructuras paralelas de poder dentro de la Comisión. Desde la nueva Dirección General IDEA, que se dedica a la prospectiva y la estrategia, pero de la que se nutren las iniciativas de Presidencia, a una célula de inteligencia, pese a que la UE ya tiene una. Pero depende del SEAE, es decir, de la estructura que dirige Kallas.

La rivalidad entre Von der Leyen y Kallas se hizo patente el pasado otoño, cuando la ex primera ministra estonia quiso fichar a Martyn Selmayr, que fue jefe de Gabinete de Jean-Claude Juncker, antecesor de Von der Leyen. Un hombre que había acumulado mucho poder y conocimiento y a quien la conservadora alemana había enviado convenientemente fuera de Bruselas nada más tomar posesión. El nombramiento de Selmayr para el SEAE fue imposible. La conservadora alemana le despejó de la ecuación al crear para él el puesto de enviado especial para la libertad religiosa.

“La relación entre el SEAE, la Comisión y los Estados miembros se ha debatido desde la creación del Servicio”, escribió Kallas el viernes en un correo electrónico a su personal, después de que estallara la polémica. “Dados los desafíos geopolíticos sin precedentes a los que nos enfrentamos, es natural que estos debates vuelvan a cobrar relevancia y adquieran mayor intensidad”, dice en el documento, que ha podido consultar EL PAÍS, y en el que recuerda que las funciones y responsabilidades de las instituciones de la UE están claramente definidas en los Tratados. “Todos sabemos, además, que el sistema podría funcionar mejor y con menos duplicaciones aquí en Bruselas”, lanza también la estonia.

“El Servicio de Acción Exterior forma parte de las instituciones que ejecutan las políticas de la Unión Europea y, por lo tanto, obviamente, nuestra presidenta lo respalda, así como la labor que realiza”, ha dicho una portavoz de la Comisión, al paso del mal ambiente de la capital comunitaria.

Entre los Estados miembros hay malestar por la situación, reconocen fuentes diplomáticas. Algunos se quejan de la “voracidad” de Von der Leyen, a quien ya afearon algunas iniciativas sobre política exterior (como su viaje a Israel, coincidiendo con el asedio a Gaza). Otros han manifestado abiertamente su frustración con el modus operandi de Kallas. Están las que consideran que la estonia es demasiado “monotemática” —reproche que también llega de otras instituciones, especialmente la Comisión— con Rusia. Y otros que señalan que ha tenido algunos patinazos, como críticas a China. Algunos han criticado, incluso su postura (bastante moderada, por otra parte) sobre Israel.

Alberto Alemanno, profesor Jean Monnet de Derecho de la UE en HEC París, remarca que, aunque la tensión entre Von der Leyen y Kallas es real, hay algo más profundo y serio debajo. Habla de una “disfunción estructural” de la arquitectura del Tratado de Lisboa (uno de los textos fundamentales de la UE, que reorganizó su funcionamiento). “La figura de alto representante se creó como una híbrida entre la Comisión y el Consejo Europeo para satisfacer a los Estados miembros que querían mantener la política exterior gubernamental al tiempo que ofrecían a las voces proeuropeas la imagen de una voz más unificada”, opina.

Es un problema que quizás se hace más evidente ahora con Kallas, pero que se ha manifestado desde el principio a lo largo de los cuatro ocupantes del cargo desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa, en 2009 —la británica Catherine Ashton, la italiana Federica Mogherini, el español Josep Borrell y la estonia Kallas desde diciembre de 2024—, subraya Alemanno.

El eurodiputado socialista Javi López es muy crítico. “Las tensiones institucionales en Bruselas han lastrado nuestra acción exterior. Choques personales y de competencias, voces cacofónicas, una excesiva verticalidad en la toma de decisiones han generado disfunciones que Europa no puede permitirse”, dice. “Los problemas de coordinación política se corrigen con liderazgos compartidos, respeto a las competencias de cada institución y reformas consensuadas; desmantelar capacidades estratégicas es otra cosa”, subraya el socialista, uno de los vicepresidentes de la Eurocámara.

Tras la guerra soterrada entre Von der Leyen y Kallas se encuentra en realidad una creciente inquietud en las capitales europeas: la sensación de que las instituciones creadas para una era de consenso no están preparadas para un mundo de confrontación entre grandes potencias.

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