
Sonaba Superestrella, de Aitana. Y Despechá, de Rosalía; esta vez, sin ella. El ambiente era tan bueno que daba incluso algo de miedo ese nivel de optimismo. A casi 30 grados bajo el sol de California, cualquiera que pusiera un pie en el estadio Los Ángeles no tenía duda: no ganar a Bélgica no era p...
Sonaba Superestrella, de Aitana.
Y Despechá, de Rosalía; esta vez, sin ella.
El ambiente era tan bueno que daba incluso algo de miedo ese nivel de optimismo.
A casi 30 grados bajo el sol de California, cualquiera que pusiera un pie en el estadio Los Ángeles no tenía duda: no ganar a Bélgica no era parte del plan.
No era cuestión de entrenador o jugadores: era de la fuerza, del poderío de la hinchada española.
Antes incluso de que los futbolistas pisaran el campo, los tambores sonaban, los toros ...



