
Ha tenido que irse el Papa, que parecía que no se iba nunca, para que brotara de repente un santo súbito en esta vieja tierra de pecadores y pícaros. Lo conocen, seguro. Últimamente, se aparece día y noche en las teles más devotas con sus ojos de cordero degollado que quita el pecado del mundo, su b...
Ha tenido que irse el Papa, que parecía que no se iba nunca, para que brotara de repente un santo súbito en esta vieja tierra de pecadores y pícaros.
Lo conocen, seguro.
Últimamente, se aparece día y noche en las teles más devotas con sus ojos de cordero degollado que quita el pecado del mundo, su beatífico rostro de nada me espanta, nada me turba, y la barbada testa levitando un palmo sobre la mesa de tertulias como Jesús sobre las aguas.
Gasta el nuevo apóstol pecho de palomo bajo traje con ch...


