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Abascal teme que Feijóo descuide al votante de centro por disputarle su electorado

miércoles, 28 de octubre de 2026
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Abascal teme que Feijóo descuide al votante de centro por disputarle su electorado
El País — Abascal teme que Feijóo descuide al votante de centro por disputarle su electora...

A Santiago Abascal le preocupa que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, este asumiendo cada vez más su discurso, hasta el punto de que, en algunas materias, parecen prácticamente indiferenciables para los electores, según fuentes de Vox. Puede resultar paradójico, ya que este hecho evidencia ...

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A Santiago Abascal le preocupa que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, este asumiendo cada vez más su discurso, hasta el punto de que, en algunas materias, parecen prácticamente indiferenciables para los electores, según fuentes de Vox. Puede resultar paradójico, ya que este hecho evidencia que Abascal ha ganado la batalla ideológica en el seno de la derecha, tras quejarse durante años de que los populares habían asumido sin discutirlos los postulados de la izquierda. Además, esta evolución de Feijóo facilita que los dos socios puedan pactar un programa de gobierno común después de las elecciones del 29 de noviembre.

El problema, reconocen las fuentes consultadas, es que primero ambos partidos tienen que ganar las elecciones de manera contundente e impedir que, como sucedió en 2023, Pedro Sánchez, pueda componer una mayoría alternativa con todos los demás grupos. Y eso solo será posible si PP y Vox consiguen aglutinar un apoyo que vaya desde el centro derecha más templado a la extrema derecha más hiperventilada. En este reparto de tareas, a Feijóo le corresponde pescar en los caladeros del centro político, un sector que en el pasado apoyó al Ciudadanos de Albert Rivera e incluso al PSOE de Felipe González. “Hay votantes del PP que nunca votarán a Vox y a la inversa. Pero cada uno por su lado puede sumar a ambos electores a esa mayoría”, alega un antiguo colaborador de Abascal.

Al contrario de lo que sucedió en 2023, PP y Vox han llegado a un pacto de no agresión en esta campaña electoral. Pero en Vox cunde la sensación de que Feijóo está descuidando el centro político para dar prioridad a robarle su electorado. “Parece que busca disputar el voto del ya convencido en vez de intentar convencer al indeciso”, alegan. La muestra más patente, a su juicio, ha sido la elección del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, como cabeza de lista del PP por la provincia de Barcelona. Los votantes de Vox se identifican plenamente con el discurso de García Albiol contra los inmigrantes y es probable que muchos lo prefieran incluso a su propio candidato, Juanjo Aizcorbe, que carece del carisma del primer edil. En cambio, los excesos de Albiol pueden ahuyentar a votantes de centro en beneficio de Junts o el PSC.

Una situación parecida se da con la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, a la que Feijóo ha elegido como número dos de su lista por Madrid. En este caso no hay una identificación ideológica con Abascal ―la primera es ultraliberal y el segundo ultranacionalista―, pero sí un talante similar. Su estilo de confrontación permanente con Pedro Sánchez solo es comparable en el PP al de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la dirigente popular que más gusta a los votantes de Vox y que, por eso mismo, ha impedido hasta ahora que el partido ultra sea decisivo en su comunidad. “Nosotros tenemos un programa […] que coincide con lo que piensa gran parte del electorado. Parece que el señor Feijóo solo quiere dirigirse a los [votantes] de Vox”, se quejaba el pasado fin de semana Abascal en una entrevista en La Vanguardia.

El pacto entre PP y Vox para el Senado ―por el cual el partido de Abascal ha renunciado a presentarse en seis provincias y los populares en tres, a cambio de que los segundos incorporen a candidatos ultras en seis de sus listas― refuerza la idea, abonada por el PSOE, de que las dos fuerzas políticas de la derecha representan la misma oferta política, lo que estrecha su nicho de mercado electoral. De ahí que nunca se haya visto a dos partidos menos entusiasmados con el acuerdo que acaban de firmar como al PP y a Vox. Ni siquiera han reconocido que exista un pacto, sino que han hablado de “entendimiento” y “colaboración”, por parte del PP, y de “gesto patriótico”, por parte de Vox.

“Nosotros tenemos verdaderas diferencias en lo esencial, porque consideramos que el PP ha formado parte precisamente de las políticas que nos han llevado a donde estamos. Pero, ante el intento de todos los cómplices de Sánchez de secuestrar el Senado y de impedir el cambio en España, creo que estábamos obligados a hacer un gesto político y esperamos que sea útil para el objetivo”, se ha justificado Abascal. Habrá que ver si los electores del PP votarán a Vox en las tres provincias en las que su partido no se presenta (Girona, Tarragona y Gipuzkoa) y si los de Vox votarán a dos candidatos del PP en las 14 provincias en las que su partido solo presenta un nombre.

Aunque Abascal intente subrayar sus diferencias con el PP en materia de inmigración, Feijóo ha asumido algunas de las propuestas más espinosas del partido ultra en esta materia, como retirar la nacionalidad española a quienes no la tengan de origen y cometan delitos graves; o exigir a los inmigrantes respeto “a las costumbres”, y no solo a la ley, para residir en España. También ha abogado por expulsar a todos los inmigrantes que entraron en Ceuta los pasados 30 y 31 de julio, sin importar si parte de ellos son menores o tienen derecho al asilo, porque “la ley no prevé supuestos de ocupación o invasión”.

La deriva de Feijóo en materia de inmigración ha coincidido con una moderación del propio Abascal. En la entrevista con La Vanguardia, el líder de Vox reconocía por vez primera que la deportación de inmigrantes que propugna “hay que hacerla de manera individualizada, caso a caso”, ya que “España es un Estado de derecho”. “Eso no se hace metiendo a la gente en furgonetas o empezando a hacerla circular por las carreteras en un éxodo gigantesco”, añadía. Hasta ahora, Vox había defendido siempre las “deportaciones masivas”, que no son posibles si hay que tramitar expedientes individualizados con todas las garantías legales. Abascal también ha aparcado otras propuestas de su partido, como la reforma de la Constitución, para sustituir el Estado autonómico por uno centralista; o la abolición del aborto, con el argumento de que su posición es minoritaria en la sociedad española. Incluso ha hablado por vez primera de la existencia de una “identidad catalana”, abriendo la puerta a colaborar con el partido xenófobo y antiespañol Aliança Catalana en la lucha contra la “invasión migratoria”.

Si el acercamiento de Feijóo a las posiciones de Abascal puede hacerle perder votos en el espacio del centro derecha, como teme Vox, lo mismo puede suceder a Abascal en la extrema derecha. Su competencia por ese lado es Se Acabó La Fiesta (SALF), el partido de Alvise Pérez, quien ha anunciado que no se presenta al Senado pero sí al Congreso en la mayoría de las circunscripciones. Falta saber si las juntas electorales provinciales dan por buenas sus candidaturas ―que deben ir avaladas con la firma de al menos el 0,1% de los electores de cada demarcación―, pero Pérez ya ha asegurado que será candidato a la Presidencia del Gobierno, intentando reeditar el resultado de las europeas de 2024, cuando recibió 800.000 votos, tras los fiascos que ha sufrido en las elecciones celebradas este año en Aragón, Castilla y León y Andalucía, en las que no obtuvo ningún escaño.

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