
Las conversaciones para poner fin a la guerra contra Irán y reabrir el estrecho de Ormuz parecen, por primera vez en tres meses, moderadamente encarriladas. Esa es, al menos, la sensación que emana de los posicionamientos públicos y las filtraciones de ambas partes: empieza a haber agua en el hondo ...
Las conversaciones para poner fin a la guerra contra Irán y reabrir el estrecho de Ormuz parecen, por primera vez en tres meses, moderadamente encarriladas. Esa es, al menos, la sensación que emana de los posicionamientos públicos y las filtraciones de ambas partes: empieza a haber agua en el hondo pozo negociador, prácticamente seco hasta ahora.
Aún quedan, con todo, algunos escollos no menores. Entre ellos ―el principal, según deslizaban el pasado fin de semana las autoridades iraníes―, el de los activos congelados propiedad de la República Islámica. Una ingente bolsa de dinero, equivalente a la tercera parte del PIB del país asiático, durmiente en terceros países y que ahora confían en recuperar, lo que ofrecería al régimen iraní un salvavidas económico que podría contribuir a su supervivencia.
¿Qué son estos activos congelados? Es dinero generalmente depositado en cuentas corrientes de bancos extranjeros y, en mucha menor medida, bienes inmobiliarios. La mayoría se corresponde con exportaciones de petróleo y gas a terceros países, no a Estados Unidos, aunque también hay dinero entregado por Teherán a países occidentales en transacciones de material armamentístico que nunca se llevaron a cabo: la Revolución de 1979 las desbarató y las cuantías previamente entregadas quedaron embargadas.
Las autoridades iraníes llevan años tratando de persuadir a los países en los que están radicados los activos a que abran la mano, subrayando que el fin último de los mismos sería la compra de medicinas u otro tipo de bienes de primera necesidad, hoy escasos en el país y que están libres de sanciones. Sin éxito, claro: hasta que EE UU no dé luz verde, no podrá disponer de ellos.
¿Cómo consiguió EE UU que se congelaran esos fondos? Gracias a las llamadas sanciones secundarias o extraterritoriales. La mayoría de los castigos económicos que pesan sobre Irán son del tipo “primario”; es decir, un país o entidad sancionadora (como el Consejo de Seguridad de la ONU o la UE) prohíbe a sus empresas y ciudadanos comerciar con Irán. Estados Unidos añadió otras sanciones, las secundarias, que vetan que cualquier entidad de un país tercero comercie con Irán.
El peso de la economía estadounidense, su dominio del sector financiero mundial y la amenaza de ser sancionado a cualquiera que haga negocios con la República Islámica obligaron a esas empresas que habían comprado fundamentalmente petróleo y gas iraní a no pagar a Teherán y retener el dinero. Si no lo hubieran hecho, Washington podía haberlas excluido totalmente del sistema de pagos global gracias al dominio casi absoluto del dólar en las transacciones internacionales.
¿Cuánto dinero es? Sin apenas novedades en los últimos años, las estimaciones más recientes ―algunas de ellas, de una década atrás― apuntan a entre 100.000 y 120.000 millones de dólares (entre 86.000 y 103.000 millones de euros) como cifra base. Un dinero que, junto con los intereses generados todos estos años, se antoja fundamental para la reconstrucción del país tras los bombardeos.
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Con un tamaño de la economía iraní de poco más de 300.000 millones de dólares, los activos congelados supondrían alrededor de un tercio de su PIB, una proporción altísima, sin parangón con otros casos similares. Rusia, por ejemplo, tiene unos 340.000 millones congelados en el exterior desde la invasión de Ucrania, pero su economía es muchísimo mayor que la iraní: 2,6 billones de dólares, siempre según los cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI).
¿Dónde están esos fondos? Bastante repartidos y, paradójicamente, en muy escasa cuantía en Estados Unidos. Unos 12.000 millones de dólares están en Qatar, según las cifras aireadas en los últimos días por las propias autoridades iraníes, los más cercanos y cuyo desbloqueo confían en que sea el primero en llegar. Otros 7.000 millones se estima que están en la India, 6.000 en Irak y algo más de 1.000 en Luxemburgo y en Japón, respectivamente. Prácticamente todos ellos tienen origen en ventas de petróleo y gas.
Los alrededor de 7.000 millones de dólares que había congelados en Corea del Sur fueron transferidos en 2023 a un tercer país del que las autoridades surcoreanas no desvelaron el nombre, aunque se presume que es Qatar.
Las últimas estimaciones, de 2021, apuntaban, además, a que unos 20.000 millones de dólares propiedad de Irán estaban radicados en China, su mayor cliente de combustibles fósiles, pero Teherán no los incluye entre los fondos bloqueados.
¿Por dónde podría ir el acuerdo para su descongelación? Parece poco probable que Estados Unidos vaya a aceptar la devolución completa de esos activos: sería una enorme derrota histórica. Sí hay opciones, sin embargo, de una descongelación parcial, ordenada. A principios de abril, la agencia británica de noticias Reuters contaba cómo ambas partes estaban cerca de pactar el desbloqueo de unos 6.000 millones de dólares en Qatar, la mitad de cuanto hay depositado en ese país.
¿Por qué es tan importante ese dinero para Irán? La depauperación de la economía iraní, en parte producto de las sanciones, es una de las razones principales que explican las recurrentes oleadas de manifestaciones de los últimos años. El último ejemplo fueron las protestas del pasado mes de enero, motivadas inicialmente por la crisis extrema de hiperinflación y devaluación del rial iraní, pero que pronto mutaron en un clamor político. Esas manifestaciones fueron sofocadas con una represión que causó miles de muertos: 3.117, según las autoridades iraníes, y al menos 7.000 según la organización de derechos humanos HRANA, con sede en EE UU.
Si la República Islámica recupera al menos parte de esos fondos retenidos podría estabilizar su moneda, iniciar la reparación de los enormes daños de la guerra y disponer de un colchón financiero para acometer medidas sociales que disminuyan el descontento.
¿Qué representa esa liberación de fondos para EE UU? Apunta a que Washington ha rebajado sus expectativas en esta guerra, o al menos que las ha supeditado a la reapertura del estrecho de Ormuz. Ninguno de los objetivos mencionados por la Casa Blanca antes y durante el desarrollo del conflicto se ha logrado hasta ahora. Dos de ellos ni se mencionan en el borrador en discusión para prorrogar el acuerdo de paz, al menos según ha trascendido. Se trata del final del programa iraní de desarrollo de misiles balísticos y de la financiación de Teherán a su red de aliados regionales no estatales, especialmente el partido-milicia chií libanés Hezbolá. Por otra parte, la discusión sobre lo que se presentó como el objetivo principal de la guerra, el programa nuclear iraní, se pospone.
Si se descongelan parte de esos fondos, la República Islámica accederá a un salvavidas económico que podría contribuir a su supervivencia. Esa posibilidad aleja otro de los objetivos mencionados inicialmente por Trump, antes de irlo dejando a un lado: el derrocamiento del régimen iraní.


