
La primera vez que lloré en un museo fue con 17 años. Yo y mi amiga Cynthia habíamos ido al Reina Sofía para ver De donde no se vuelve, la exposición que recorría la trayectoria de Alberto García-Alix. Tengo muy mala memoria, pero aún puedo acordarme de algunas de las fotos que componían la pieza au...
La primera vez que lloré en un museo fue con 17 años.
Yo y mi amiga Cynthia habíamos ido al Reina Sofía para ver De donde no se vuelve, la exposición que recorría la trayectoria de Alberto García-Alix.
Tengo muy mala memoria, pero aún puedo acordarme de algunas de las fotos que componían la pieza audiovisual que me emocionó.
Había amigos muertos del fotógrafo, prostitutas, retratos suyos.
De fondo sonaba la voz ronca y grave de García-Alix advirtiendo del poder de la fotografía como médium que “...



