Quiero imaginar que ya nadie amenaza a los niños que atraviesan momentos díscolos, o con dificultades para dormirse, o que han cometido una travesura, o cuyo sistema nervioso anda alterado, o que les ofrecen una mano de hostias, o que pagan el malhumor de sus progenitores o presuntos educadores, con...
Quiero imaginar que ya nadie amenaza a los niños que atraviesan momentos díscolos, o con dificultades para dormirse, o que han cometido una travesura, o cuyo sistema nervioso anda alterado, o que les ofrecen una mano de hostias, o que pagan el malhumor de sus progenitores o presuntos educadores, con amenazas como: “Voy a llamar al hombre del saco” o “Esta noche va a venir el sacamantecas”.
Esos personajes terroríficos y fantasmales pertenecen a mi remota época de infancia.
Y acojonaban.
Esos ser...



