El martes me desperté en el diminuto pueblo de donde procede mi familia materna, en las Tierras Altas de Soria. Había pasado allí solo unas horas, las necesarias para dormir por fin una noche al fresco y comprobar que los rumores que me llegaban eran ciertos: la primera cadena de la Televisión Españ...
El martes me desperté en el diminuto pueblo de donde procede mi familia materna, en las Tierras Altas de Soria.
Había pasado allí solo unas horas, las necesarias para dormir por fin una noche al fresco y comprobar que los rumores que me llegaban eran ciertos: la primera cadena de la Televisión Española no se podía sintonizar bien y, por tanto, los vecinos no estaban pudiendo ver el Mundial.
En mi televisor, unas rayas partían aleatoriamente la mitad de la pantalla, algo que, al parecer, no es lo...



