Imagino una sala en tonos neutros con un sofá blanco, una butaca crema, una mesita con una caja gigante de pañuelos y un rumor de agua fluyendo sobre cantos rodados de fondo. Imagino a dos hombres, padre e hijo, acudiendo a ese templo a confesarse con una desconocida con la esperanza de que les ayud...
Imagino una sala en tonos neutros con un sofá blanco, una butaca crema, una mesita con una caja gigante de pañuelos y un rumor de agua fluyendo sobre cantos rodados de fondo.
Imagino a dos hombres, padre e hijo, acudiendo a ese templo a confesarse con una desconocida con la esperanza de que les ayudara a salir del laberinto de gritos, o, peor, de silencios que se había instalado entre ellos y del que no hallaban la llave ni queriendo.
Imagino todo eso y entiendo el poder que sobre hijo y padre p...




