
Hay un hombre que le habla al oído a Raúl Castro. Le susurra durante el Desfile del Primero de Mayo en La Habana, o interpone su mano si una señora quiere tocar la del expresidente, como si a la mujer le hiciera falta confirmar que realmente sigue vivo. Cuando Castro despachaba discursos ardientes —...
Hay un hombre que le habla al oído a Raúl Castro.
Le susurra durante el Desfile del Primero de Mayo en La Habana, o interpone su mano si una señora quiere tocar la del expresidente, como si a la mujer le hiciera falta confirmar que realmente sigue vivo.
Cuando Castro despachaba discursos ardientes —siempre menos que los de su hermano Fidel— en la Plaza de la Revolución, ahí estaba el hombre a sus espaldas, firme bajo el calor fulminante del trópico.
Si Raúl recibía al Papa Francisco en la capita...



