
Urbano VIII llegó a mantener correspondencia con Quevedo, Alejandro VII entretenía sus ocios pontificios con poemillas en latín, y Juan Pablo II —estudioso de San Juan de la Cruz en su juventud— incluso publicó un poemario, Tríptico romano (2003), asido todavía a la cátedra de Pedro. Con todo, segur...
Urbano VIII llegó a mantener correspondencia con Quevedo, Alejandro VII entretenía sus ocios pontificios con poemillas en latín, y Juan Pablo II —estudioso de San Juan de la Cruz en su juventud— incluso publicó un poemario, Tríptico romano (2003), asido todavía a la cátedra de Pedro.
Con todo, seguramente el papa al que más le ha gustado la literatura haya sido también el papa al que menos le ha gustado el armiño: Francisco fue profesor de literatura en Argentina, tuvo trato amistoso con Borges ...




