
El camino hasta las torres obliga a cubrirse la nariz. Ya no huele a cadáver, como en los primeros días, pero la tierra en suspensión de cientos de toneladas de cemento molido se clava en la garganta y los lagrimales. El sol empieza a ceder y es entonces cuando llegan los zancudos, en manada, a mord...
El camino hasta las torres obliga a cubrirse la nariz.
Ya no huele a cadáver, como en los primeros días, pero la tierra en suspensión de cientos de toneladas de cemento molido se clava en la garganta y los lagrimales.
El sol empieza a ceder y es entonces cuando llegan los zancudos, en manada, a morder la piel sudada y sucia.
Los picos continúan golpeando el cemento tres meses después y los pitidos de las excavadoras dando marcha atrás son insoportables cuando suenan todos a la vez.
La gente ya n...


