El martes hizo ocho años de una escena hasta entonces inédita. El 2 de junio de 2018, un presidente del Gobierno tomaba posesión del cargo sobre una mesa en la que por primera vez no había ni un solo símbolo religioso. Ni crucifijo, ni Biblia. Los obispos tenían motivos para la inquietud. Y no solo ...
El martes hizo ocho años de una escena hasta entonces inédita.
El 2 de junio de 2018, un presidente del Gobierno tomaba posesión del cargo sobre una mesa en la que por primera vez no había ni un solo símbolo religioso.
Ni crucifijo, ni Biblia.
Los obispos tenían motivos para la inquietud.
Y no solo por aquel gesto de modernidad aconfesional.
Nadie había llegado a La Moncloa con un catálogo tan grueso de objetivos laicistas.
En los dos años anteriores, Pedro Sánchez se había comprometido a trabaj...

