
Cuando escuchó la explosión, que resonó por todo el casco viejo, lo primero que le vino a la cabeza a Sara Berdasco fue que menos mal que había dejado las ventanas del salón abiertas. “Si no”, pensó, “me destroza los cristales”. Aquella bomba, que se detonó en el interior de una mochila abandonada e...
Cuando escuchó la explosión, que resonó por todo el casco viejo, lo primero que le vino a la cabeza a Sara Berdasco fue que menos mal que había dejado las ventanas del salón abiertas.
“Si no”, pensó, “me destroza los cristales”.
Aquella bomba, que se detonó en el interior de una mochila abandonada en la calle el mediodía del 26 de junio de 1982, no destrozó los cristales del piso de Sara.
Destrozó el cuerpo de su hijo pequeño, de 10 años, que yacía requemado en la calzada a dos manzanas de allí,...


