
Khadija y Saber cruzan la frontera marroquí a la misma hora, pero no se ven. Ella entra a Ceuta, él va a Marruecos. Vuelve, en realidad. A los dos les impulsa lo mismo: la lluvia. “Me puse de límite el miércoles. Si no encontraba plaza en un centro de menores, me iría, pero mañana va a empezar a llo...
Khadija y Saber cruzan la frontera marroquí a la misma hora, pero no se ven.
Ella entra a Ceuta, él va a Marruecos.
Vuelve, en realidad.
A los dos les impulsa lo mismo: la lluvia.
“Me puse de límite el miércoles.
Si no encontraba plaza en un centro de menores, me iría, pero mañana va a empezar a llover y no puedo dormir más en la calle”, dice Saber.
Cumplió 17 años en agosto, en la playa del Trampolín.
Por entonces aún tenía más o menos intacto el sueño que le hizo cruzar el mar, creía que solo ...



